lunes, 19 de julio de 2010

Para borrar y volver a escribir

A veces tener tanta información confunde, resta. Tanta data acerca de las calorías, los componentes nutricionales y dietas de la papa-elhuevo-labanana-elarroz-lamandarina-lasnueces, tanta info sobre desórdenes alimenticios, tanto de todo eso -a veces- sólo provoca un enorme vacío. Un enorme interrogante.

Por eso decidí soltar, relajar y concentrarme simplemente en estar mejor, en sentirme bien, más sana. Me di cuenta de que necesito volver a las raíces, a la información más básica acerca de esta problemática para trascenderla de una vez por todas.

Uno de los ejercicios primarios es registrar mis diferentes estados de ánimo y lo que ellos comen (porque claro cuando ellos me poseen, hay una parte de mi que se ve eclipsada). Por eso y tal como una niña me compré un cuaderno Rivadavia, tapa dura con lunares. Nunca pero nunca había sido tan literal y, lo mejor, es que creo que me encantó.

lunes, 5 de julio de 2010

El Ronroneo

Muchos asociarán el término al sonido que emiten los gatos cuando tienen fiaca o una enorme necesidad de mimos. Lo cierto es que aquellos que sufrimos de algún exceso, padecemos del síntoma del Ronroneo cuyo principal componente es que, básicamente, no nos permite tomar las riendas de nuestro problema. Sostiene dogmas ridículos, hace base en la excusa y ha sido estructurado, de tal manera, que devuelve el espejismo de una postura convincente. Cada cual tiene el ronroneo que más le conviene. A continuación y en relación al tema que me compete (no hacer segundas lecturas) describo algunas afirmaciones, fantasías e interrogantes internos que dan vida a mi ronroneo:

1-Antes de empezar la dieta tengo que entender porqué me hago ésto. Entenderlo, asumirlo y buscar las soluciones necesarias. Un año más de terapia (cumpliría 20) me va a ayudar.

2-Ahora tengo que pensar qué es lo que quiero. Ravenna o Cormillot; 600 o 1100 calorías, sacrificio o hábito? Es importantísimo establecer ese número por más que ahora consuma dos mil.

3-Empiezo con una desintoxicante o con una proteíca? Qué será lo mejor para bajar 10 kilos en una semana? Todo es posible asi que debo pensar concienzudamente (esta es la gran fantasía)

4-Empiezo cocinando en casa o me compro viandas?? Tomar esta decisión antes de empezar es de-ter-mi-nan-te.

5- Tengo que organizarme con el líquido. Si tomo dos litros de agua me voy a mear en cada reunión que tenga, en los taxis y es un incordio. Tengo que pensar qué es lo más me conviene.

6-Además de adelgazar quiero aprender a comer sano; así que pedí turno con el chino tai para que me enseñe cocina macrobiótica. Me dio turno para el 25 de septiembre. Ahí mismo arranco para combinar sano con light.

7-Con tanto trabajo y responsabilidades no puedo organizarme. Espero a que las presiones cotidianas se reduzcan así puedo arrancar totalmente abocada a la dieta. (cueck)

8-Las clases del gimnasio tienen alto impacto, pilates no me ayuda a bajar de peso, caminar me aburre, en las clases de baile me siento Benny Hill y en yoga me tiento de risa. Y si pruebo con Flamenco?

9--En invierno es casi imposible hacer dieta. Espero hasta que empiecen los calorcitos de primavera que me dá por las ensaladas y las frutas.

10-Podría haber engordado mucho más y la verdad es que no es para tanto. Entro en mis jeans así que me relajo y disfruto hasta que derrape de verdad.

Diez kilos de más que se convierten en Diez kilos de excusas casi crónicas. Existe el mito de que pensar mucho (pero mucho) ayuda. Sin embargo, mi problemática parece crecer como consecuencia del pensamiento excesivo sin acción. Es que todas las preguntas que hacen al síntoma tienen una sola respuesta: Hacé como sea, pero Hacé. Mi conciencia lo grita pero a veces no escucho o no quiero escuchar.

El ronroneo entonces es el ruido que hace nuestra cabeza, ese que nos hace creer que estamos en accíón cuando en verdad estamos absolutamente anestesiados. El ronroneo nos desborda y nuestro cuerpo es el encargado de mostrarnos que esos bordes se perdieron. Asi que finaly con hacerme la intelectual. Hoy, Lunes de Super Acción.

miércoles, 30 de junio de 2010

Contra el Mal

Alguien me dijo que el movimiento permanente habla de algo no sano. Hoy desperté como todos los días muy temprano y ante tres o cuatro situaciones no esperadas la adrenalina aumenta. Los síntomas se multiplican. La ansiedad protagoniza.

Tiempo atrás hubiese escrito ésto: "Transpiro, inspiro fuerte por la nariz, la concentración se aleja y mis dedos que tipean parecen ir más rápido de lo que verdaderamente van. Empiezo a tener conciencia de mis latidos. La vista se nubla. Mi voz grita, no habla. Ahora quisiera moverme, ir, venir, bajar, subir, hacer todo lo que me propuse en el día en esta próxima hora. Podría lograrlo. Lo peor de mi está ahí, agazapado listo para poseer este día".

Hoy escribo ésto: "Paro. Respiro profundo. Me siento a escribir. Aquí y ahora. Pausa. Pienso en la locura del mundo, en mi locura y en la locura de los que conviven con la mía. Todavía siento las pulsaciones, pero entiendo; y eso hace que inmediatamente la adrenalina ceda. Me mira cayendo desde un precipicio como los archienemigos de los superhéroes en las películas. Desconcertada".

Sonrío. Quizás hoy gane. Pero los archienemigos (esos que creamos nosotros mismos convencidos de ser superhéroes) nunca mueren de verdad. Mutan y de alguna manera vuelven y a veces más amenazantes. Así que por las dudas me quedo en vigilia, atenta. DESPIERTA.

miércoles, 23 de junio de 2010

La Ley del Todo o Nada

Hace días que no hago dieta. Es más; estoy combinando alimentos como hacía años no combinaba. Es la Ley del Todo o Nada.

La Ley del Todo o Nada, decretada hace como 20 años atrás, no permite los términos medios, no se amiga con las evoluciones paso a paso, ni tiene empatía con los colores grises. Es muy pero muy conchuda.

La Ley del Todo o Nada fabrica diálogos conmigo misma como el que tuve hoy:

Caro: Porqué no estoy cuidándome nada?

Caro bajo los efectos de la Ley del Todo o Nada: Porque no podés; porque son tantas las cosas que tenés que hacer para empezar la dieta, que terminás desordenándote.

Caro: Pero cuáles son todas esas cosas?

Caro bajo los efectos de la Ley del Todo o Nada: Tenés que evaluar porqué te estás castigando, tenés que hacer algún tratamiento con algún nutricionista nuevo, tenés que ir si o si tres veces por semana al gimnasio, hacerte masajes, tomar dos litros de agua, hacer una buena compra en el super y, sin, excepciones tenés que ir al dermatólogo para hidratar la piel.

Caro: Ay Dios Mio!! Es tanto que no sé por donde ni cómo empezar. Además no tengo tiempo. El laburo, los chicos, mi casa, escribir, estudiar y además la dieta.

Caro bajo los efectos de la Ley del Todo o Nada: Y bueno, si no podés empezar con todo; esperá. Cuando puedas, harás las cosas bien. De a una cosa no se puede. Si no empezás con disciplina absoluta, derrapás. Así que no te enojes con la subida de peso y sobreviví. Curtite, nena.

Caro: O sea que es Todo o Nada?

Caro bajo los efectos de la Ley del Todo o Nada: Absolutamente.

Silencio. Más silencio.

En este momento, mientras escribo me doy cuenta de la trampa. De lo cruel e injusta que es esta Ley. Así que, es aquí en donde me comprometo a fabricar una nueva ; una con la que pueda negociar y ser flexible. Una que me deje empezar por comprar la botellita de agua y colgármela en la muñeca. Una que no me frustre continuamente. Una que me quiera un poquito más.

lunes, 21 de junio de 2010

Día de Cine

Padecer de esta increíble enfermedad por el cine no me genera conflicto. Amo amar excesivamente las películas. Cuando entro al cine se apodera de mí una fascinación difícil de explicar, los sentidos se sensibilizan y me brillan los ojos cuando se hace presente la oscuridad de la sala y sólo quedamos la pantalla enorme y yo. Pero cuando, además, la película es maravillosa mi nivel de agradecimiento es eterno.

La película que vi reúne todo lo que uno quiere ver en el cine. Un guión perfecto, una manera única de contarlo, el cuidado obsesivo del arte y la estética, una dirección soberbia y actores intachables.

Una producción que me conectó con tantos estadíos. Los recuerdos, los conflictos que conllevan los cambios, crecer, la amistad, la fidelidad, la búsqueda de la identidad, las diferencias, la importancia de saber soltar y relajarse; todo eso, contado con mucho pero mucho humor, inteligencia, aprovechando los recursos al máximo y con una emoción que muy pocas producciones generan. Hoy me reí a carcajadas gigantescas y se me mojó la cara de tanto llorar.

Hoy ví Toy Story 3 y nadie pero nadie puede perdérsela. Pixar me conectó, una vez más, con la niñez y a través de esta historia llegó a lugares que son, al mismo tiempo, los más básicos y profundos de la humanidad.

Ver Toy Story engorda el alma y eso en mi dieta está permitido.

lunes, 14 de junio de 2010

Recargada

Estuve meses sin escribir en el blog. No me arrepiento. Estuvo bien. Fue necesario para seguir adelante y para volver. Hace algunas semanas comencé, de una manera sintomática, a releer mis post, los comentarios, los mails y fue un hecho. Sí. El deseo de retomar “empiezo el lunes”, fue imparable. Sólo había un problema que no sabía cómo resolver hasta el día de hoy. Mi identidad.

“Empiezo el Lunes”, fue tomado por mi alter ego, Julia Q. Siempre quise llamarme Julia y la “Q” es la inicial del apellido de mi marido e hijos; así que la tomé como propia para construir a Julia, que no es nadie más que yo misma; Carolina.

Cuando inicié este blog fue un secreto para los conocidos. No sabía hasta dónde iba a exponerme y creo que me dio miedo que alguien descubriera mis miserias más recónditas. Así que decidí hacerlo a solas (aunque no fue así). Hoy puedo decir que tengo mucho más en claro lo que quiero escribir en este blog y quiero hacerlo con nombre y apellido.

“Empiezo el lunes”, es mi espacio (el de Carolina). Es un espacio en el que desde una mirada absolutamente femenina me refiero a los excesos. Mis excesos tienen que ver con el peso y la relación con la comida pero también con la hiper exigencia, con la necesidad de gustar. Estoy absolutamente segura de que todos tienen los suyos y es eso sobre lo que me gusta observar y escribir. Porque sublimo, porque entiendo y porque, sobre todas las cosas, me río desde una profundidad que me hace sentir activa.

En cuanto a mis últimos seis meses, no bajé un gramo y parecería ser que estos últimos 10 kilos son crónicos. Pero me mueve la búsqueda. Disfruto de buscar, de preguntar y de sentir que no estoy anestesiada. Estoy contenta y RECARGADA! Salute amigos!

PD todo este tiempo leí sus post como siempre! Los felicito a todos por la constancia. No firmaba porque ya no quería hacerlo como Julia! Así que ahora que blanqueo, volveré (y seré millones!)

sábado, 26 de diciembre de 2009

Navidad Confesa

Todo empezó con un "no tengo tiempo"; "No puedo hacer todo"; "No puedo más". Y así, de golpe dejé de escribir. La verdad es que sí tengo muchísimo trabajo, muchas responsabilidades, mucho sueño. También es cierto que escribir y compartir mis vivencias en el blog me hace bien. Lo disfruto. No puedo decir que estoy triste, ni pasando un mal momento. Todo lo contrario. Estoy feliz, segura, equilibrada emocionalmente, enamorada de A. y de mis hijos.

Sin embargo dejé de escribir hace más de un mes. Después de descorchar varias botellas de champagne y engullir varios puñados de nueces debo confesar que hace un mes también dejé de cuidarme con las comidas. Jamás creí en las casualidades. Así que no creo que haya sido casual mirar el blog hoy, leer los que me encantan, ver los comentarios que me dejaron y los mails. Antes que nada gracias por eso. Y, luego, aunque no sepa bien cómo, intentaré retomar los posts, la lectura y desde ya la dieta. Necesito volver a desconectarme de lo excesivo. De todo eso que me pone fuerte pero en el mal sentido, como un monstruo engreído que por momentos se convence de no necesitar ayuda.

Intento ser sincera y me doy cuenta de que no estoy convencida de volver a escribir en empiezo el lunes. Pero también sé que lo voy a intentar. Lo prometo. Así que brindo por eso!

lunes, 23 de noviembre de 2009

Abducida

Hubo una serie que hacía referencia a la abducción. En inglés era “Taken”, pero el castellano ridículo de las distribuidoras la bautizó en Latinoamérica como "Abducidos". También hay un corto muy divertido de Pixar que ilustra esta fantasía extraterrestre. El punto es que para explicarme a mi misma porqué abandoné el blog por casi veinte días se me representó este concepto.

Fui tomada por la adrenalina. Recaí una vez más en el estado desenfrenado que más me gusta y que más odio. Ese que me permite cumplir con todo y todos. Fueron días de exceso de trabajo, responsabilidades, eventos, charlas, fiestas escolares, madrugones tremendos y desvelos insoportables. Días que no me hacen bien pero que manejo de taquito porque son demasiado conocidos.

Pasaron dos cosas para que tomara conciencia; para que retornara a mis espacios elegidos. La primera es demasiado triste y no tiene sentido contarla acá.

Y la segunda es que con A. cumplimos 12 años de convivencia el 7 de noviembre. La pasamos genial durante el festejo y nos reelegimos una vez más después de una crisis sorteada vía amor y terapia de pareja. El punto es que en el medio del festejo, Aníbal me sorprendió con una serie de regalos que finalizaban con una carta que me invitaba a casarme con él. Sí. Leyeron bien y, aunque nunca creí que alguien fuera a pedirme matrimonio formalmente, me gustó y por supuesto dije que sí. Me di cuenta de que mi supuesta pose de chica anticursi puede flaquear ante propuestas matrimoniales.

Cuando terminamos de festejar, hablamos de la fecha y pensamos en que la primavera del año que viene podría ser viable. En realidad queremos casarnos para festejar y para que nuestros hijos festejen con nosotros. No queremos una fiesta en la que los novios se transformen en muñecos de torta. Odio esas fiestas. No entiendo cómo la gente no siente un poco de vergüenza ante tanto protagonismo. No entiendo al vals ni que tiren a los novios por el aire; no comprendo el tema meloso de la noche, ni que el novio se ponga un gorro brilloso de River para danzar al ritmo del fatídico carnaval carioca. No logro conectar con esas cosas.

Sí, en cambio, me parece que está bueno hacer una ceremonia (sin religiones de por medio) celebrando nuestro compromiso con una fiesta pequeña en la que se coma muy rico, se tome buen vino y se baile muuucho con música increíble. Eso es lo que queremos.

Ahora bien. Cualquiera que comparta mis delirios de Dieta Club diría “ahora tenés el objetivo perfecto para llegar a tu peso”. Sin embargo amigos y amigas hace exactamente veinte días que he sido abducida por lo dulce y lo salado (ni siquiera tengo preferencias entre uno u otro). No puedo parar de comer pensando en mi atuendo, en mi pelo, mi maquillaje, el futuro y en mi culo. Y no se me ocurre mejor cosa que hacerlo crecer aún más.

Será que la palabra “casamiento”o “señora” me dan miedo? Es cierto que en mi inconciente la adultez y las señoreces son directamente proporcionales a lo aburrido pero también sé que esas sentencias tienen que ser desterradas. Por otro lado, Aníbal es el hombre que puede descubrirme como nadie, es el que posee el modo perfecto para lidiar conmigo. Será que me asusta la firma ante la justicia? Lo digo y me dá piel de gallina. O será que en realidad fui abducida por mi inconciente? Eh????????

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El imperdible reencuentro con Alejandro

Alejandro es un ex compañero de Dieta Club. Yo dejé de ir hace tiempo pero nuestra amistad continuó. Un tipo adorable, fanático de Star Wars, agudo pero con muchísimos problemas de autoestima. Desde el día 1, él y yo nos tratamos de usted.
Alejandro es una de las personas más cordiales que conozco. Y sus abrazos siempre me hacen sentir bien. El 25 de octubre me llamó para mi cumpleaños, me felicitó, me hizo las preguntas pertinentes y luego quedamos en vernos en el bar de siempre. Ayer a las 17 hs. nos encontramos, café con leche de por medio.

Alejandro: Mi queridísima Caro! Usted cumple años pero cada año está mejor!! Feliz cumpleaños amiga!
C..: Estimadísimo! Usted siempre tan atento. Cómo le va? Cuántas ganas tenía de verlo! Escúcheme, quiero que me lo cuente todo. Soy toda oídos.
Alejandro: Le brillan los ojos… Dígame, qué quiere que le cuente?
JuC..: Usted sabe perfectamente a qué me refiero. Un pajarito me contó que está enamorado.
Alejandro: Me parece a mí o el pajarito es una pajarita transformada en una urraca parlanchina que no deja de hablar acerca de la vida de los demás?
(Alejandro se refiere a una compañera insoportable que sufre del mal del chisme)
C..: Bingo! Fue ella! Pero usted no se preocupe porque le dije que ya lo sabía y que me parecía descortés de su parte que se lo contara a cualquier pelandrún que se le cruzara por su avaro camino.
Alejandro: Epa, hasta a mí me dolieron sus palabras.
C..: Y bueno, si se mete con los que quiero está sonada. Pero más allá de la urraca, usted me tiene que contar. Lo escucho. Soy Luisa Delfino.
Alejandro: Hace unos meses entró a la empresa en la que trabajo María como contadora. Desde el momento en que me la presentaron no pude quitarle mis ojos de encima. Pero María era un imposible para mí. Linda, simpática, inteligente, una voz tipo Betty Elizalde impresionante!
C..: Betty Elizalde? Su modernidad me aja el alma.
Alejandro: La cosa es que estaba tan convencido de que era un imposible que me relajé y fui yo mismo, el que sociabiliza a partir del humor. Mi objetivo era ser su amigo.
C..: Me hizo caso y aprovechó su actitud!
Alejandro: Amiga, pero juro que lo hice desde la mediocridad, la espontaneidad. Si hubiera sabido que tenía una chance, me hubiera esforzado de una manera… digamos… de una manera…
C..: Disculpe pero usted ya lo dijo… de una manera forzada
Alejandro: Probablemente, seguramente usted tiene razón. El punto es que empezamos a almorzar, a compartir momentos, intercambios de música, cine…
C..: (emocionada) Así se empiezaa!! Siempre!!! Con el intercambio cultural!
Alejandro: Sigo relatándole. Un día me invitó a comer a su casa porque iba a cocinar recetas armenias. Yo fui, como un tonto, pensando que me había invitado junto a varias personas más. Pero no, cuando llegué había velas, un ambiente querendón, y María totalmente hermosa. Entiende?
C..: Hermosa para usted. Con el ambiente querendón para usted.
Alejandro: Eso mismo. Nunca nadie había hecho algo así para mí. Y la verdad es que cuando registré lo que estaba pasando no lo podía creer. Tuve diálogos inocuos conmigo mismo.
C..: Dígame que reaccionó por favor!
Alejandro: Ella me hizo reaccionar. Me dijo que me sentara, empezamos a comer. Ay, Caro qué platos tan calóricos! Esa semana no me pesé!
C..: Jajajajajaj, pero escúcheme qué le importa! Después de semejante muestra de amor que todos los Cormillot se metan las dietas en el cónclave argentino.
Alejandro: Comimos y de pronto se sentó a mi lado. Me tocó la cara con sus manos y me besó.
C.: Estoy a punto de suspirar diez veces seguidas.
Alejandro: Desde ese momento fui yo el que no dejó de suspirar. Fueron tres meses hermosos, gloriosos, llenos de amor, belleza, caricias y sexo. Hacía tiempo que no tenía tanto sexo seguido.
C..: Por favor acostúmbrese! Que el sexo es demasiado necesario en esta vida ingrata.
Alejandro: Ahora que lo probé con constancia estoy de acuerdo con usted.
C.: Entonces, cuanto hace ya que están juntos.
Alejandro: No estamos más. Me dejó hace diez días sin muchas explicaciones. Me dijo que ella no creía en las relaciones largas, que lo nuestro había sido hermoso pero que le parecía mejor que no nos viéramos más fuera del trabajo. Y así nomás, de un día para el otro dejó de mirarme. Y ahora se va todas las tardes con el de tesorería.
C..: Dígame que es un chiste. Que ese final se le acaba de ocurrir para jugarme una mala pasada.
Alejandro: Nooo. Usted sabe que yo no soy fan del golpe bajo.
C..: Entonces estamos hablando de un perfil manipulador. De una mujer que busca enamorar personas para después dejarlos.
Alejandro: No podría confirmarlo.
C.: Déme ya sus señas particulares y datos así planeo su asesinato.
Alejandro: (tentado) Mire ahora lo que me preocupa es mi estado. Ella ya no me importa. Sentí que me iba a morir pero ahora siento que tengo que asumir lo que sucedió. Sin embargo la sensación siguiente es que nunca más voy a estar con alguien y entonces inevitablemente siento muchas ganas de comer.
C..: Pero mi amigo. El hecho de pensar en “no estar nunca más con alguien”, es una sentencia enorme. Y provoca un vacío profundo. Cómo no va a querer llenarlo. Usted tiene que entender que ésto es una experiencia y que de ahora en más tiene más conocimiento para tener más experiencias. No?
Alejandro: Usted sabe comprender a las personas. Pero cómo hago para sentirlo así de perfecto como usted lo dice…

Suspiré largo. Me levanté e intenté abrazarlo como él me abraza. Intenté decirle con mi abrazo que yo estaba ahí y que en ese momento lo iba a proteger. Volví a mi asiento. Lo miré fijo.

C.: La verdad es que no lo sé. Lo va a tener que descubrir pero para ello quizás necesite ayuda.
Alejandro: De un profesional?
C..: Claro. A mí me parece que lo de María es un síntoma y usted tiene que aprender de su enfermedad.
Alejandro: Sí. Es cierto. Tiene un teléfono?
C..: Por supuesto. Tengo el teléfono de los dos mejores que conozco.

Y ahí nomás, saqué una birome y le anoté los teléfonos en una servilleta. Como en los tiempos de antes.

Alejandro: Gracias, Caro.
C..: De nada amigo querido. Usted va a salir adelante.
Alejandro: (dando por terminado el tema) Y dígame… no le apetece un pebete de crudo y queso??

P.d. Yo sé que me salió largo pero díganme si Alejandro no se lo merece? No les cae enormemente bien????

lunes, 2 de noviembre de 2009

La Cita Perfecta

El sábado fue un gran día. El momento que A. y yo esperábamos. Los chicos se iban a casa de su abuelo y tendríamos una noche especial para nosotros. Hicimos un plan perfecto. Salir a cenar, ir al cine, tener una noche desenfrenada y dormir hasta las 12 del mediodía.

El sábado por la tarde preparamos las mochilas de los niños, les hicimos un listado de reglas, los abrazamos y besamos, les hicimos “chau” desde el balcón, cerramos la puerta y sí, nos miramos cómplices festejando en silencio. Era un momento único, no había demandas de ningún tipo, no había peleas, ni llantos. Todo era silencio, armonía y paz.

Comencé a prepararme para la noche. Me fui a depilar, me hice las manos y pies, compré ropa interior. Llegué a casa, nos bañamos. Empecé a maquillarme frente al ventanal de mi cuarto y no podía creer la cantidad de agua que caía del cielo. No dí crédito al deseo de quedarme en casa. No podía de ningún modo arruinar nuestro plan.

A las ocho de la noche, me senté frente al placard para elegir la ropa. De pronto, A. me abrazó, me dió un beso y allí mismo supe que no iríamos a ningún lado. Que aunque yo no había dicho palabra, él ya me había entendido y coincidía. La invitación se transformó en algo distinto.

Nos pusimos nuestras ropas más cómodas, miramos pelis, escuchamos música, comimos en la cama, nos emborrachamos un poco, anduvimos en paños menores por toda la casa y por supuesto que tuvimos nuestra noche desenfrenada. Lo que más me gustó fue el factor sorpresa, el plan trunco, el no controlar y dejarme llevar. Fue, sin lugar a dudas, la Cita Perfecta.